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miércoles, 8 de julio de 2009

Futuros cuidados dentales del bebé

Cuando el niño tiene 6 meses de vida en el maxilar inferior aparecen sus primeros bordes de los dientes incisivos inferiores, en forma de serrucho. En este periodo, que varía entre una y dos semanas, el niño está sumamente molesto e irritable y suele tener fiebre y sialorrea (babeo constante).


Paula Medina, pediatra, recomienda algunos cuidados que las madres deberán tomar en cuenta para el cuidado dental de sus hijos. “En este caso es útil que el niño muerda un objeto blando para acelerar el proceso” dijo, pues se trata de una molestia dolorosa para el niño.


Asegura que varios colegas médicos indican xilocaina gel para aplicar en la zona afectada, sin embargo la utilización de pomadas o antibióticos en la mayoría de casos no es necesario. Medina, como especialista indica que lo que el bebé requerirá para el momento de erupción de su primer diente depende de cada caso, como también se convierten en momentos en los que deben intervenir los padres por ser quienes deben cuidar de la higiene oral de su pequeño.


Recomienda que, con un cepillo de cabezal pequeño y mango de adulto se deberá aplicar una solución fluorora en gotas para eliminar la placa bacteriana que se podría formar en la placa dental. Este procedimiento lo debe realizar cada veinticuatro horas, y debe ser comenzado como un juego para el niño, como una manera de generar un hábito en la conducta futura para el niño.


Sin embargo, la doctora Medina, puntualiza otro tema que asume debe ser combinado con el cepillado dental, como es en la dieta para el pequeño. Para esto no se deben incluir azúcares, como las golosinas, bebidas gaseosas o sustancias azucaradas. Al contrario, lo recomendable es sustituir estos azúcares refinados por los azúcares naturales, como son las frutas y verduras de la temporada.

Los niños diabéticos y su rendimiento académico

Varios estudios realizados han originado la preocupación de que la diabetes tipo I pudiera afectar el cerebro. Sin embargo, Galo Molina, pediatra, aclara esta duda al asegurar que el trastorno diabetes juvenil no parece perjudicar el rendimiento académico de los niños.

La diabetes tipo I se caracteriza porque generalmente aparece en la niñez. La enfermedad se origina cuando el sistema inmunitario destruye, por error, las células productoras de insulina del páncreas.


La insulina es la hormona que ayuda a transportar el azúcar desde la sangre hasta las células para su metabolismo. Los diabéticos de tipo I se tienen que inyectar insulina diariamente, un régimen que a menudo conlleva fluctuaciones en las concentraciones sanguíneas de azúcar. Se ha sugerido que estos altibajos pudieran afectar el aprendizaje escolar de los niños.


Para el Dr. Molina las fluctuaciones crónicas de concentraciones de azúcar en la sangre que caracterizan la diabetes tipo I, así como las dificultades para controlar una enfermedad que dura toda la vida, han sido asociadas con una deficiencia en ciertos atributos cognoscitivos, como la memoria y la habilidad verbal lo cual no es cierto ya que los niños con diabetes tipo I pueden tener el mismo rendimiento o incluso mejor que los otros niños “estamos hablando de un rendimiento equiparable” dijo.
María Yerovi, catedrática del Colegio María Auxiliadora, asegura que una de sus alumnas de 10 años padece de diabetes, sin embargo tiene el mismo rendimiento que el de sus compañeros de clase y no se distingue efectos escolares de los cuales se pueda preocupar.


Los niños con un mejor control de su azúcar en la sangre, muestran un rendimiento escolar superior que si se trata de un niño con un control diabético descuidado. Por tanto es necesario vigilar a los niños que padecen esta enfermedad para asegurarse de que su aprendizaje no se vea afectado por el desequilibrio del azúcar sanguíneo.

miércoles, 24 de junio de 2009

Niños campeones, alerta corazones

En estos tiempos, las carreras deportivas se inician desde edades muy tempranas. Los niños, guiados por sus padres, incluyen en su vida distintos entrenamientos.

Su visión “ser los futuros profesionales del deporte”.

Pero, ¿sus jóvenes organismos están preparados para ese nivel e intensidad de entrenamiento?


Para Héctor Sevilla, pediatra, los niños que realizan deporte de competición deben someterse a un estudio cardíaco al menos una vez al año. De esta manera se descartará cualquier tipo de anomalía contraproducente al momento de realizar los ejercicios.


El soplo funcional o inocente es frecuente en los recién nacidos, y aunque exigen revisiones periódicas los cardiólogos infantiles, no se le considera cardiopatía. “uno de cada cien recién nacidos padecen de problemas cardíacos” aseguró.

Algunas se manifiestan días, semanas, meses o incluso años después, y sin embargo su origen es congénito, pues ya al nacer existe la generación de una cardiopatía posterior.

La medicina actual desconoce la verdadera causa de las anomalías o deficiencias del desarrollo cardíaco que se puede producir a lo largo de los años en una persona aún cuando sean congénitas. Lo que si se han descubierto son los factores de riesgo o circunstancias que favorecen tener un hijo con cardiopatía.

Según Víctor Hugo Espín, genético, en el caso de que los padres tengan una edad inferior a 18 años y superior a 35 años, antecedentes familiares de cardiopatías congénitas, niños con alteraciones cromosómicas, diabetes, alcoholismo, lupus, ingesta de drogas o rubeola durante el embarazo representan los factores más probables para que el bebé pueda nacer con una enfermedad cardíaca.